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Cuenca baja del río Bogotá

Luego de su paso por la capital del país y el municipio de Soacha, el río Bogotá queda prácticamente sin vida. Por eso, los 120 kilómetros de la cuenca baja están gobernados por el abandono. Por la contaminación de sus aguas, las casi 300.000 personas que habitan en los 14 municipios que hacen parte de la cuenca baja de río Bogotá, le dieron la espalda. Son pocos los que se atreven a utilizarlo para algún fin agropecuario, porque saben que su maltratado cuerpo está casi muerto. El único uso permitido es el energético, algo que sucede en las cadenas de producción de energía de El Colegio.
Las huellas imborrables del pasado

Las huellas imborrables del pasado

Varios sitios de la cuenca baja del río Bogotá lucen detenidas en el tiempo. Trochas abiertas por los indígenas panches, caminos reales por donde transitaron las tropas de la independencia, puentes en piedra con un pasado oscuro y hasta fósiles de mastodontes, hacen parte de las huellas imborrables del último tramo del río más importante de la sabana.

Pedro Palo, naturaleza y leyenda en el bosque de niebla de Tena

Pedro Palo, naturaleza y leyenda en el bosque de niebla de Tena

La laguna Pedro Palo, uno de los sitios de adoración de los muiscas, cuenta con más de 341 especies de aves sobrevuelan. Aunque es conocida como la joya de la corona de la cuenca baja del río Bogotá y hoy luce espléndida y silenciosa, muchos han querido adueñarse de sus tierras. Esta ha sido su lucha.

El viejo hotel desde donde la aristocracia veía caer al río Bogotá con aguas cristalinas

El viejo hotel desde donde la aristocracia veía caer al río Bogotá con aguas cristalinas

Una imponente casona con arquitectura francesa lleva casi un siglo como testigo de la caída del río Bogotá por un cañón de 157 metros de altura: el Salto del Tequendama. La edificación, construida en 1923, pasó de hotel a restaurante y luego a un sitio abandonado por cuentos de espantos. Hoy, es un museo que revive las huellas del pasado.

Un río que agoniza: la herencia de Bogotá a los habitantes de la cuenca baja

Un río que agoniza: la herencia de Bogotá a los habitantes de la cuenca baja

Los certeros golpes que recibe el río Bogotá en su paso por la capital y Soacha, lo dejan al borde de la muerte. Aguas negras, espumas y olores nauseabundos fluyen por los 120 kilómetros de la cuenca baja, un foco de contaminación que no les permite a sus habitantes interactuar con el afluente.  

UNA INICIATIVA DE:

The Coca-Cola Foundation
Banco de Bogotá
PTAR Salitre
Fundación Semana